Durante los últimos 100 años, de manera involuntaria, los seres humanos hemos sido sometidos a un "experimento de escala planetaria", obligados a comer alimentos artificiales. (Kollath).

En ninguna época anterior a la nuestra, hubo cultura alguna que consumiera ni tan siquiera una fracción del azúcar, almidones refinados y grasas alteradas que componen la dieta estándar del hombre moderno. Fenómeno dietario que produjo una disociación entre el incremento en la esperanza promedio de vida, la calidad y la esperanza de vida activa.

El impacto que sobre la salud humana trajo el consumo de alimentos refinados, y la consecuente malnutrición por exceso de calorías e insuficiencia de todos los demás nutrientes de los que se despojó al consumidor, ha definido como "mesotrofia" o "mala salud vertical" el estado en que se encuentra una gran parte de seres humanos, que no están suficientemente enfermos como para acostarse y hospitalizarse (en cuyo caso se convertirían en "horizontalmente enfermos"), pero padecen de múltiples dolencias y enfermedades crónicas que les impide llevar una vida satisfactoria. (Bland).

La investigación ha señalado este tipo específico de malnutrición moderna como responsable del progresivo declive de la salud, la vitalidad humana, y la pandemia moderna de padecimientos denominados "enfermedades de la civilización": hipoglucemia, obesidad, diabetes, cardiopatías, cáncer, artritis, caries, diverticulitis, síndrome de cansancio crónico, síndrome de colon irritable y varias otras más.

Entre los años de 1932 y 1942, Francis Pottenger, M. D, llevó a cabo un experimento sin precedentes en la bibliografía de investigación médica. El experimento tuvo una duración de 10 años, sometió a estudio a 900 gatos durante varias generaciones, a los que proporcionó una dieta controlada. Los felinos fueron divididos al azar en dos grupos:

A un grupo se le suministraron alimentos naturales: carne y leche crudas, y aceite de hígado de bacalao. Los gatos de este grupo mantuvieron la anchura del rostro y la regularidad de sus dientes mostrando una notable uniformidad de tamaño y desarrollo de su esqueleto a través de las sucesivas generaciones. Presentaron una piel lustrosa, poca pérdida de pelo, resistencia a las infecciones, parásitos y alergias, se mostraron sociables y amistosos, y su comportamiento fué predecible. Los abortos fueron escasos y las hembras alimentaban sin dificultad a sus crías, teniendolas sanas de generación en generación.

Los miembros del otro grupo, al que se le proporcionó comida sobrante del Sanatorio Pottenger (la típica dieta occidental), diferían muchísimo entre sí después de solo una generación. Pasadas tres generaciones, el estrechamiento del cráneo y de la mandíbula dejaba ver los dientes amontonados. Se produjeron diversos cambios esqueléticos, originando huesos más largos, delgados y una mayor estrechez de la pelvis, con niveles inferiores de calcio. Su piel resultó más áspera y presentaron numerosos problemas epiteliales.

Pottenger escribió: "Muestran toda clase de alergias. Estornudan, tienen respiración sibilante y rasguñan. Son irritables, nerviosos, y no ronronean". Una primera generación de gatos sanos, alimentados con residuos del hospital, produjo una segunda generación de gatitos con alergias, cuya incidencia en la tercera generación, se elevó a casi el 100 %. Los parásitos y las infecciones se generalizaron, lo mismo que los problemas cardiacos, miopía, presbicia, artritis e hipotiroidismo. En las hembras preñadas, los abortos fueron frecuentes y los partos difíciles, con muchas muertes durante el trabajo del parto. Los gatitos pesaban casi un 20 por ciento menos que los del grupo sano, mostrando una elevada mortalidad infantil. En cuanto a su disposición, las hembras eran irritables, algunas hasta el punto de ser peligrosas de manejar, en tanto que los machos eran más pasivos y mostraban una actividad sexual anormal.

Este grupo de gatos mantenido con sobrantes de los alimentos que en su hospital se proporcionaba a los enfermos internos, desarrolló las mismas enfermedades que hoy consideramos como normales entre los humanos: artritis, trastornos cardiovasculares, hepáticos, de la tiroides, pulmonía, parálisis, pérdida de dientes, caída anormal de pelo, disminución de la densidad ósea, disminución o anormalidad en el comportamiento sexual, diarrea e irritabilidad. Su excremento era tan tóxico que mataba a las hierbas cercanas a donde defecaban. La primera generación de gatitos resultó ser enfermiza y anormal. En la segunda generación nacieron gatitos muertos o enfermos frecuentemente. En los sobrevivientes de la tercera generación, las hembras eran estériles.

En 1904 cuando los ingleses colonizaron la India, Sir Robert McCarrison, médico ingles-escocés, fue nombrado médico de estado y enviado durante 14 años a evaluar las condiciones de higiene y salud de numerosas poblaciones autónomas de las regiones fronterizas al norte de Cachemira, entre las que se encontraban los hunzas, que vivían en un elevado valle de los montes Himalayas.

McCarrison recibió una profunda impresión por la gran longevidad, hermosa conformación física, elevada salud, capacidad para el trabajo y ausencia de delincuencia, enfermedades degenerativas y mentales.

Años después, dedicado a la investigación científica, preguntándose a sí mismo qué es la salud, recordó a los hunzas y se dedicó a investigar las razones de su extraordinaria vitalidad, fortaleza y longevidad. Su estudio lo llevó a confirmar lo que años antes había observado, concluyendo que los hunzas representan el ideal de salud humana: exentos de enfermedades degenerativas, la vejez no los debilita ni inhabilita, sus músculos y corazones continúan siendo capaces de grandes esfuerzos hasta una edad avanzada, su vida se prolonga a los 120 años (a los 75 todavía labran sus campos, recorren las montañas con cargas pesadas y algunos procrean).

Tras un concienzudo estudio de las variables capaces de influir y determinar el estado de salud y longevidad, concluyó que el factor determinante de ese estado era su dieta. Sus alimentos eran limitados, pero sus tierras se encontraban abonadas con estiércol, humus y desperdicios orgánicos naturales e irrigadas con agua de glaciares, ricas en minerales de rocas molidas por otras rocas de las montañas.

De regreso a Inglaterra, se dedicó a verificar sus conclusiones por medio de vastos experimentos realizados con ratas a través de muchos años. Dió a 1200 de éstas la alimentación típica de los barrios bajos de Londres: pan blanco, platillos dulces elaborados con harina blanca, confituras, carnes conservadas, arenques, conservas, golosinas, y de vez en cuando un poco de legumbres cocidas. Después de un plazo determinado, encontró en estas ratas, casi todas las enfermedades existentes en el hombre "civilizado". Los animales sometidos a la influencia de un régimen urbano se volvían irritables, agitados y agresivos. Algunas de ellas terminaron por devorarse entre sí.  A otro grupo de ratas McCarrison les suministró una alimentación muy similar a la de los hunzas, estas ratas se mantuvieron exentas de enfermedades y entre ellas reinaba la paz y la cordialidad.

Las estadísticas de Weston Price y McCarrison, aplicadas a culturas primitivas fueron similares: ausencia total de todas las enfermedades comunes en occidente. La salud mental, moral y emocional acompañaba a la salud física.

Cleave estableció con cuidadosos estudios que casi exactamente veinte años después de la incorporación de alimentos refinados a la dieta, desplazando a los alimentos de las dietas originales, se inicia un estado de degeneración física y mental al que denominó "enfermedad de sacarosa", dando surgimiento a la proliferación de hipoglucemia, obesidad, diabetes, enfermedad cardiaca y cáncer. Cleave llamó a este fenómeno la Regla de los Veinte Años, misma regla que ha sido corroborada una y otra vez a través del tiempo por numerosos y prestigiosos investigadores.

Williams demostró con exhaustivos y detallados análisis, que cada persona tiene órganos con diferentes formas y tamaños, distintos niveles de aminoácidos, vitaminas, minerales y enzimas. Comprobó que aunque los niveles de vitaminas y otros nutrientes en la sangre permanecen extraordinariamente constantes, los requerimientos de cada individuo varían de forma considerable.
La individualidad anatómica-bioquímica origina un abanico muy amplio de necesidades de nutrientes, que pueden alcanzar niveles muy altos en algunas personas. Pueden elevarse a una proporción un mil por ciento por encima de las dosis mínimas recomendadas. Si esa necesidad acrecentada no es satisfecha, la insuficiencia originará estragos en el metabolismo y la gente enfermará. En personas enfermas, el porcentaje puede ser aun mayor. Sobre esa base, formuló el Principio de Individualidad Bioquímica, expuesto en su ensayo Biochemical Individuality.
El metabolismo humano no tiene capacidad para utilizar los alimentos artificiales, elaborados para ser más duraderos y agradables al paladar, pero no para nutrirnos. Los fabricantes de alimentos ignoran el principio esencial de la sinergia que Williams sugiere. "La comida industrializada genera una discordancia en la armonía del metabolismo: la ausencia de un nutriente es comparable a un violín con una cuerda rota" (Abraham Hoffer & Morton Walker), siendo ésta la objeción más importante a la comida sintética de la dieta moderna.
En consecuencia, para lograr una salud óptima, cada persona deberá recibir una nutrición óptima adecuada a sus necesidades individuales, refutando de ese modo los mitos de la necesidad mínima diaria (MDR) y de la ingesta diaria recomendada (RDA) de nutrientes.


El Dr. Kollath, del Instituto de Anatomía Patológica de la Universidad de Munich, denominó Mesotrofia a la situación en la que asegura, se encuentra actualmente la humanidad, a la que definió como un estado en el se puede vivir con una apariencia más o menos normal y estar aparentemente bien nutrido, pero con un nivel degradado de salud.